Asociación de Ayuda al Animal Abandonado
Vida de Perros


Especial, la historia de un perro singular.

Corría el mes de diciembre del año 2004. Nos encontrábamos junto a un grupo de voluntarios desarrollando un pequeño programa de ayuda a perros y gatos en situación de calle, en el sector de la Vega Central. En virtud de la situación extrema que viven los animales de ese lugar y de la no menos extrema insuficiencia financiera y de recursos humanos de nuestra iniciativa, es que habíamos decidido limitarnos a recoger de la calle sólo aquellos casos que calificáramos como "urgencia médica, situación de vida o muerte"; todo el resto, era parte del "manejo extensivo" y recibía, por tanto, la ayuda elemental: desparasitación externa (sarna, garrapatas, etc.), curación de heridas superficiales y esterilización en el caso de las hembras. Es así, que mientras hacíamos nuestro habitual recorrido a través de las estrechas callejuelas, nos topamos de frente con la desgraciadamente "clásica" camada de cachorros abandonados… eran 6 o 7 escuálidos de no más de 2 meses, jugando entre unos trapos viejos y un montón de frutas medio-podridas. ¡Pobres inocentes!, no tenían la menor idea de la escasa probabilidad de que sus vidas no terminaran bajo la rueda de un auto, de infectarse de alguna enfermedad viral mortal o simplemente por no lograr encontrar algo de comida o un techo donde guarecerse del frío. Alegres los pobrecitos, corriendo de un lado a otro, saltando, revoloteando, husmeando y persiguiendo cuanto bicho se cruzara por el frente de sus siempre atentos ojitos. Todos jugaban, todos menos uno. Nos dio la impresión que aquel ya *sabía *que no había razón alguna para tanta fiesta: permanecía petrificado, desganado, sin deseos de comer y con una secreción ocular y nasal abundante. "Distemper" dijimos al unísono, "necesita de los cuidados de alguien", fue la respuesta mental. Pero… ya no podíamos seguir llevando cachorros a nuestras casas. Entonces, ¿qué hacer?, ¿cómo lo íbamos a dejar ahí sin más?.
En fin, después de mucho titubear, uno de los voluntarios aceptó cuidarlo por un tiempo y luego, una vez que estuviera sano, llevarlo a una jornada de adopción. Ya en la casa, transcurridos unos dos días de recogido, nos dimos cuenta de la forma particular que tenía este cachorro de enfrentar la vida; no esperaba con ansias ni parecía disfrutar de la comida, evitaba el contacto con el resto de los perros, no jugaba ni hacía ningún tipo de desorden y para qué hablar de de ladridos o los típico movimientos efusivos de cola: nada de eso, sólo parecía disfrutar cuando lo tomábamos en brazo…su alimento y su razón de ser era entregar y recibir el cariño humano.
Increíble. Es así cómo se ganó su nombre: Especial.

Ya han pasado un par de años desde aquellos días. Especial ha crecido y modificado su conducta, hasta llegar a una condición similar a la de un perro macho promedio. Sin embargo, aún conserva su actitud cariñosa y receptiva con la gente, como si nos entendiera. Sin duda un amigo distinto, un perro* especial*…